On Friday November 16th 2012, recently opened Javier Silva gallery previewed an exhibition with works by one of the most obvious pictorial promises of the spanish panorama: Maíllo. This young artist came into the madrilian art scene about a year ago and since then he hasn't stopped disarming around. He began his career at the Museum ICO when he was chosen by Juan Ugalde to participate in the group show `!A vueltas con la maldita pintura!´, becoming the youngest artist at the collection of this National Museum. Just months later we enjoyed his first solo show at José Robles gallery. Now we can see some of his recent works in Valladolid at the Javier Silva gallery.

Javier Silva is another brave gallery that weathering the storm of the current situation, opens a space dedicated to contemporary art, this time fleeing away from the supersaturated capital, and proposing activity in Valladolid, where contemporary art takes place time ago, especially since Patio Herreriano opened their doors in 2002. Silva presented a flexible program that combines managing with collaborative professional regime. 

This exhibition of Maíllo (Madrid, 1985) is distinguished from the previous ones, essentially prolific and chaotic, which seemed to be looking to pop the potential content. After the hurricane presentations he seems to be seeking calm, setting the dust and suddenly attentive: his return to the ring is made with a choice of three unique large-format works and the figure in action as a connection point. This debugging numerical, necessarily pushes us to observe carefully selected works to devour with the eyes, not so much looking for a key to interpret, but enjoying every turn, travelling through shapes and colours.

Maíllo doubly identified himself with the figure of the cowboy and the painter, whom he recognized related to sharing lifestyles which have suffered an alleged obsolescence over time. However it is not really true. Finding ourselves in this contemporary world of regurgitation, where everything is transformed, current or expired depending on the year and its fashions. Regarding the painting, you could say that it has never been more alive than now. To Maíllo the craft and the technique of painting is essential and vital. He recognizes himself sick of paint and he appreciates that when he paints he enters in an altered state of the senses, suddenly living in the system of pictorial creation. He is interested in the metaphysical, the eternal, the incomprehensible and sensitive part of painting.

Regarding his obsession with painting, Maíllo advances by stealing from the biggest and current painters from the experimentation and creation process, the technical research, while assimilating references ranging from astronomy, the paleolithic, Angel Garcia´s reflections, Velázquez,  hip-hop culture, comics of Secundino Hernández, but never forgetting art, and always digesting it, making it his own and creating an explosive mixture. And at that confrontation the experience with existing pictorial reality he advances and improves.

The key to his paintings can be found in a distinct lack of prejudice, curiosity and rigorous application of a fierce playful attitude that makes his painting almost irresistibly, unfolding before it a large scope for action and honesty in all making. He is far from the disturbed and suffering artist... Maíllo enjoys everything he does and comes forward with the rhythm of good conversations.

CRISTINA ANGLADA

El viernes 16 de Noviembre, la joven galería Javier Silva inaugura exposición con una de las más evidentes promesas del panorama pictórico español: Maíllo. Este joven madrileño entró en escena hace cosa de un año y desde entonces no ha parado de desarmar. Comenzó su carrera a lo grande, en el Museo ICO al ser escogido por Juan Ugalde para participar en la colectiva "¡A Vueltas con la Maldita Pintura!", pasando a ser el artista más joven de la colección de este museo nacional. Tan solo unos meses después disfrutábamos de su presentación individual en la galería José Robles. Ahora podremos ver parte de su trabajo mas reciente en Valladolid de la mano de la galería Javier Silva

Javier Silva es otra de las galerías valientes que capeando el temporal abre espacio dedicado al arte contemporáneo, esta vez huyendo de la sobresaturada capital, y proponiendo actividad en Valladolid, donde el arte contemporáneo lleva tiempo presente, sobre todo desde que abriera el Patio Herreriano en 2002. Silva se presenta en sociedad con una cartela de artistas combinando el régimen de representación con el de colaboración. 

La muestra que propone esta vez Maíllo (Madrid, 1985) se desmarca de las anteriores, esencialmente prolíficas y caóticas, donde se parecía buscar hacer estallar el potencial contenido. Tras el huracán de las presentaciones parece llegar la calma, asentarse la polvareda y de repente, atentos: su vuelta al ruedo se hace con una selección de tres únicas obras de gran formato y la figura en acción como punto de conexión. Esta depuración numérica nos empuja necesariamente a observar las obras escogidas detenidamente, a devorarlas con la mirada, no tanto buscando una clave, sino recreándonos a cada paso, recorriendo sus formas y colores. 

Maíllo sintoniza de maravilla con la micro-historia ginzburgiana y la serialidad típica del hit de las adicciones del ocio actual: las series televisivas a las que ya ha hecho algún guiño (Twin PeaksThe Wire). Se trata de una fascinación por las historias en minúscula, tanto reales como ficcionadas, que conforman la siempre cambiante mitología contemporánea, la cual el despedazada y reconstruye a su/nuestro gusto y antojo. Y es que prefiere el picoteo al plato principal, probar de todo, y no posarse demasiado en nada evitando el agotamiento y alimentando la curiosidad de manera constante y dinámica. No le interesan las historias únicas, tampoco le agradan los grandes discursos ni los proyectos que terminar. Sus obras siempre permanecen en potencia, y de su combinación cambiante surgen nuevos puzzles que interpretar. 

En esta ocasión, Maíllo presenta una historia articulada en tres escenas, enlazadas bajo el sugerente título de Mighty Buckaroo. Tres pinturas que abrazan lo anecdótico espoleado por la velocidad congelada, suspendiendo una escena cuyos desenlaces imaginamos inminentes a la vez que múltiples. El western alimenta el desarrollo de esta historieta, y a modo casi de viñetas nos muestra a los tres protagonistas: el toro, el cowboy y el caballo; los dos primeros a punto de colisionar violentamente, el jamelgo derrapando con torpeza sobre el suelo, casi con movimiento metálico. Un naranja de fondo evoca la atmosfera espacial y nos recrea la sensación de estar físicamente, corporalmente en ese escenario esbozado, que forjan real las figuras generadas por el autor.

Maíllo se identifica doblemente con la figura del cowboy y del pintor, a los cuales él reconoce afines al compartir modos de vida de una supuesta obsolescencia sufrida con el paso del tiempo, aunque obviamente relativa, pues en este mundo contemporáneo de regurgitaciones, todo queda transformado en actual o caduco dependiendo del año y sus modas. Con respecto a la pintura, se podría decir que nunca ha estado más viva y para Maíllo el oficio y la técnica de la misma es esencial, y casi diríamos que vital. Se reconoce enfermo de pintura y nos cuenta que pintando entra en un estado alterado de los sentidos, viviendo de repente en el propio sistema pictórico de creación. Le interesa sobremanera esa parte de la pintura más metafísica, eterna, incomprensible y sensitiva. 

En esta obsesión por la pintura, Maíllo avanza robando a los grandes y actuales maestros en su procedimiento de experimentación y creación, investigando desde la técnica, asimilando a la vez referencias que van desde la astronomía, el paleolítico, reflexiones de Ángel GarcíaVelázquez, la cultura del hip-hop, el comic o Secundino Hernández, pero nunca olvidando la técnica, y siempre digiriéndolo, haciéndolo suyo y generando una mezcla explosiva. Y es en ese confrontar la propia experiencia pictórica con las ya existentes, como avanza y mejora.

La clave de su pintura la podemos encontrar en una clara falta de prejuicios, en la curiosidad y la aplicación de un rigor lúdico al trabajo feroz que le hace pintar casi de manera irrefrenable, desplegándose ante si un gran margen de actuación y una honestidad en todo lo que hace. Con él queda bien lejos el artista trastornado y sufridor… Maíllo disfruta de todo lo que hace y procede avanzando al ritmo de las buenas conversaciones.

CRISTINA ANGLADA