By experimenting with different languages at the same time and revising traditions, art becomes plural and, in spite of all the classifying efforts, the chances of naming all the different ways of art concretion don't seem to match art's whole dimension. Definitions do objetify and lists do diminish. The thermometer to measure the creative temperature in a cultural milieu has stopped being nominal. And yet it might seem that lack of definitions produces too many doubts regarding our situation, which may be defined as“adjectivized anaesthetic”, thus affording the erasure of index tyrany and betting on an open, shifting form reluctant to classification. Without needing to resort to a master plan the young artistic milieu moves on absorbing different plots and responding to different contexts. It becomes a multifaceted milieu where questions are asked before statements. How to act in a stage undefined by locution laws? How to communicate what is inexact? How to preserve experimentation from results? Interrogations the formulations of which act almost frantically on our own work, offering a rythm, a suspicion and, in some cases, a system.    

Under a gestural collection made out of lines, dots, crosses and all sorts of scribbles and approximations to the pictorial surface where we also find not only painting but sanding, scraping or staining, Maíllo completes surfaces in different formats. Beyond any time concision, each image incorporates from graphics, cracks, anthropomorphic symbols, or totemic animals to funerary masks. Plots of strong reference order, the discursive articulations of which are made impossible by the weight of the expression. What abounds is a shapeless, continuous tension, where painting takes the place of an installation.  

MARIANO MAYER

A base de experimentar diversos lenguajes de manera simultánea y de revisar tradiciones, el arte se pluraliza y a pesar de todo ademán clasificatorio las posibilidades de nombrar los diferentes modos de concreción no parecen coincidir con su dimensión. Las definiciones cosifican y los listados reducen. El termómetro con el que medir la temperatura creativa de un entorno cultural ha dejado de ser nominal. Sin embargo, parecería que la falta de definiciones genera demasiadas dudas, una situación, la nuestra, caracterizada tal vez por la “anestesia adjetiva”, que permite suspender la tiranía de los índices y apostar por la forma abierta y movediza de lo que resiste a su clasificación. Sin la necesidad de recurrir a un plan maestro el entorno artístico joven se desplaza asimilando diversas tramas y respondiendo a distintos contextos. Un ámbito multifacético donde las preguntas se formulan antes que las aseveraciones. ¿Cómo actuar en un escenario no definido por sus leyes de locución? ¿Cómo comunicar lo inexacto? ¿Cómo preservar la experimentación por encima de los resultados? Interrogaciones cuyas formulaciones actúan de modo casi frenético sobre el propio hacer y ofrecen un ritmo, una sospecha y en algunas casos un sistema. 

Bajo un repertorio gestual compuesto por rayas, puntos, cruces y todo tipo de garabatos y aproximaciones a la superficie pictórica donde no solo se pinta sino donde también se lija, se raspa o se mancha, Maíllo completa superficies de diversos formatos. Fuera de toda precisión de época cada imagen incorpora desde grafismos, hendidos, símbolos antropomórficos, animales totémicos hasta máscaras funerarias. Tramas de fuerte orden referencial cuya articulación discursiva es imposibilitada por el peso de la expresión. Lo que abunda es una tensión informe y continua, donde la pintura ocupa el espacio de una instalación.
 

MARIANO MAYER